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Otras explicaciones del odio a Pizarro*

Otras explicaciones del odio a Pizarro*

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? O planteado de otra manera: ¿por qué todos los que odian a Pizarro son precisamente sus compatriotas, cuando fuera de este país la gente lo admira y considera como un futbolista de prestigio?

Tal vez sea porque Pizarro nos recuerda que, siendo peruano, uno puede ser exitoso. Como el alcohólico que se desintoxica y regresa a su barrio limpio y con trabajo estable. Sus antiguos amigos, en lugar de seguir su ejemplo, lo acusarán de presumido.

¿Por qué el odio a Pizarro? Tal vez porque sus records batidos y su buena conducta dentro y fuera de la cancha nos echan en la cara lo que no queremos saber: que siguiendo las reglas, esforzándonos, alejándonos del trago y las sensualidades que nos ofrece la noche, sacándonos la rcsm por lo que queremos alcanzar, podríamos lograr grandes cosas. Da igual que quieras ser un gran ingeniero civil, el sucesor de Melcochita o un excelente periodista. Dejarlo todo en la cancha es la única fórmula que vale (y lo sabes).

Pizarro es el espejo donde no queremos mirarnos, porque simboliza todo lo que no hemos querido alcanzar por miedo, desgano y mediocridad. Con él se termina la excusa de que en el Perú no se puede triunfar. Entonces, para intentar arrastrarlo hacia nuestra propia crapulencia, lo señalamos como uno de los mayores responsables de que Perú no haya ido al mundial. De ahí nos cogemos todos, del borde de sus chimpunes, y tiramos para abajo, fuerte, todos unidos.

Luego le jugamos mal, con las mismas técnicas con las que –injustamente- le queremos desinflar el Premio Nobel de Literatura a Vargas Llosa: le decimos extranjero, pituco y, lo que es peor, traidor a la patria (equiparándolo con un infiltrado en la guerra o un terrorista).

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque somos una sociedad malograda, tal vez irrecuperable. En Argentina odian a Messi y ellos, por más que se esfuercen en aparentar lo contrario, también son un país tercermundista, con mucho trecho por recorrer. Si Messi no hacía esos tres goles contra Ecuador, el romance se habría terminado para siempre.

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque los peruanos actuamos como ese juez corrupto del que tanto nos quejamos, ese que suelta a los violadores por un puñado de soles y que no tiene idea de leyes o jurisprudencia. Somos jueces sin rostro (o anónimos, con esto del internet) y nos gusta castigar al futbolista que triunfó afuera, pero cuyo éxito no nos salpicó clasificándonos al mundial, mientras estábamos sentados en un sofá, sin polo y con dos cajas de cerveza en el piso. Odiamos a Pizarro porque, con sus goles y su esfuerzo, no nos dio una alegría mientras nos emborrachábamos.

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque internet ha sacado a la luz lo peor de nosotros o, mejor dicho, a nuestros peores ejemplares. La gente que más comenta (y que más odia, cargadísima de sus frustraciones) puede que sea precisamente la gente que más tiempo libre para andar en las redes expresando su “informadísima y valiosísima opinión”. Los demás estamos chambeando, estudiando, leyendo, informándonos antes de atrevernos a abrir la boca para hablar. Los demás procuramos que el fútbol -ese juego tan importante y millonario- no sea nuestra única fuente de felicidad y realización como comunidad, así que si ganamos o perdemos, sabemos que todavía hay muchas otras trincheras en las cuales dar batalla: la educación, la cultura, la política, la economía, los otros deportes…

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque el odio vende y eso lo saben muy bien los medios de comunicación. Odiar es gratis y, de paso, nos hace sentir mejor. Odiar a los exitosos redobla el efecto.

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque opinar es rápido y sencillo, mientras que informarse, leer y analizar las cosas, cuesta un poco más y qué flojera da eso, ¿verdad?

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque desde una computadora (o un celular) es muy fácil decirle fracasado a un futbolista que ha ganado más que cualquier pelotero en este país sin grandes logros deportivos. Porque tenemos complejos y odios grabados en la piel contra determinadas razas (o todas las razas).

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque es blanco, de familia con plata y hasta guapo (lo es, no jodas).

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque, secretamente, lo envidiamos.

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque existe algo que algunos intelectuales llaman posverdad y que explica muy bien el estilo cavernícola de “periodistas” como Phillip Butters, que con gritos y pechadas nos intenta vender mentiras que consideramos verdades. Ese al que llamamos líder de opinión. Ojo: un capazo como César Hildebrandt solo tiene una revista semanal que pocos leen.

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque aquí la mayoría odia a Vargas Llosa, pero quiere la libertad del dictador y violador derechos humanos llamado Alberto Kenya Fujimori Fujimori​, peruano-japonés que postuló al congreso de Japón para escapar de la ley (allá nadie votó por él, porque allá no son tan ignorantes como nosotros).

¿Por qué hay gente que odia a Pizarro? Porque hay gente estúpida, como en todo el mundo. El problema es que aquí la estupidez es un plato nacional que se sirve frío, caliente y tibio, y en casi todas las mesas. Si los mezclas con resentimiento y apatía, lo que tenemos es un banquete de despropósitos y rencores. ¿En serio pensamos que Pizarro no quería jugar el mundial y que venía solo para ver a sus caballos? ¿De verdad nos creemos el cuento de que un deportista que ha desayunado, almorzado y cenado fútbol desde que tiene uso de razón (calculamos hace unos 35 años), no quería ni soñaba con llegar al mundial? ¿Pensamos que le daba igual?

Tanta simpleza recuerda a la vez cuando Perú clasificó al grupo mundial de la Copa Davis (estamos hablando de tenis, así que equipara eso con clasificar a Rusia 2018). Nos tocó jugar contra la España de Nadal y compañía y poco antes de los partidos Lucho Horna se lesionó. Por supuesto, salieron los sabios y criticones a decir que nuestra primera raqueta -Horna- se había acobardado y que se estaba haciendo el lesionado. En otras palabras, arrugó justo cuando había cumplido el sueño de llegar a lo más alto (solo lo hemos logrado esa vez). Lo que pocos de ellos sabían es que el tenista había estallado en llanto (dicen que rompió el ventilador de su camerino, arrojándolo contra la pared) cuando le dijeron que no podría jugar esos partidos.

Al igual que Horna, seguramente Pizarro la habrá pasado pésimo –peor que todos nosotros en el sofá, pues él estuvo en la cancha y quiso llegar a Alemania, Sudáfrica y Rusia- cuando no clasificamos. Piénsalo un rato. Si tú sufres cuando Perú no va al mundial, imagínate cómo lo siente Pizarro y el resto de jugadores. ¿Acaso hay que llorar en la cancha y frente a cámaras para que nos crean la pena?

¿Pizarro debería volver a la selección? Personalmente, creo que no. Su juego es demasiado lento para este equipo rápido y ágil, aunque está claro que eso dependerá de su nivel y de Gareca, y que se respetará la decisión final porque es su chamba y no la nuestra. Qué bueno sería que, mientras tanto y después también, clasifiquemos o no, se empiece a respetar (nadie dice querer o aplaudir de pie, simplemente respetar a quien nunca nos ha faltado el respeto) al jugador que consiguió lo que ninguno de nosotros acá logrará nunca: récords internacionales en ligas de primer nivel. Acéptalo, Claudio fue más que tú (y yo y todos acá). Ya es tiempo de asimilarlo.

*Este texto ha tomado como referencia al artículo ¿Por qué la gente odia a Pizarro?, publicado en PDD.

Redacción: El Rafa Nada

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